Un navío cargado de palomas y especias : antología

121 p. ; 21 cm.

Pablo García Baena (Córdoba, 29 de junio de 1921-Córdoba, 14 de enero de 2018) es, por si mismo, uno de los poetas más singulares de su tiempo y de este país. Restauró, en la intimidad de sus versos, el rastro perdido entre la Generación del 27 y sus contemporáneos, con una guerra civil de por medio. Sin embargo, supo coincidir con otros poetas y artistas que compartieron esa misma convicción lírica y que, como confirma Hughes, desde el solitario Grupo Cántico, asumieron su condición de tercera España poética, “entre la oficialidad neoclásica de Garcilaso y la poesía social de «Espadaña». No debió ser fácil encontrar el equilibrio en aquella atmósfera cargada de la posguerra, cuando comenzó a escribir y a dar a conocer sus versos –y también sus dibujos–, junto con sus compañeros de viaje, Ricardo Molina, Juan Bernier o el pintor Ginés Liébana, a quienes sumaría luego la complicidad distinta de Mario López, Vicente Núñez o María Victoria Atencia, entre otros defensores de la belleza contra viento y marea. Tan turbias bajaban las aguas de aquella época que hizo falta que los novísimos reivindicaran su legado. De ahí que él mismo propusiera a Guillermo Carnero como antólogo para su cumplida conmemoración como Autor del Año en Andalucía a lo largo de 2018, una distinción justa y justificada que quisimos hacerle desde la Consejería de Cultura a través del Centro Andaluz de las Letras. García Baena aseguraba que era un poeta vago que había publicado poco. Sin embargo, cabía contradecirle y asegurar que su obra es precisa, aunque nunca nos resulte suficiente. Y que lo que nos ha dejado escrito, a través de sus libros y versos sueltos, constituyen toda una cosmovisión particularísima, original, a pesar de beber de otras fuentes o, mejor dicho, porque eligió bien las fuentes de las que beber debía.

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